¿Puede mi empresa obtener financiación de un fondo de capital riesgo? La respuesta puede desconcertar si no conocemos el contexto y las particularidades de su funcionamiento.
Primero: su empresa no ofrece perspectivas de recuperar la inversión y obtener un beneficio
No todas las empresas deberían financiar su crecimiento con capital riesgo. El rechazo puede deberse no solo a la calidad del equipo o del producto, sino también a la estrategia del fondo, la fase del proyecto, el tamaño del mercado o la rentabilidad esperada. Sin identificar la muestra y la fuente, no puede ofrecerse con rigor un único porcentaje de aceptación para todo el mercado.
Ante todo, el modelo de capital riesgo parte de que la mayoría de las inversiones no generará rentabilidad; el fondo acepta de antemano el riesgo de perder el capital invertido. Por ello, las demás inversiones deben ofrecer, al menos potencialmente, la posibilidad de compensar con creces esas pérdidas. Son esenciales, por tanto, una elevada escalabilidad y una rentabilidad extraordinaria si el proyecto tiene éxito.
Estas exigencias concentran la inversión en mercados donde una nueva tecnología o modelo de negocio pueda provocar una transformación real y rápida, una «disrupción». En ese contexto, incluso una empresa relativamente sana y rentable que haya perdido sus perspectivas de crecimiento rápido no es una inversión exitosa para el fondo, sino más bien una «zombi» («empresa muerta en vida») de la que sería preferible desprenderse cuanto antes.
Segundo: su producto no está relacionado con nuevas tecnologías

Según el último informe anual de la National Venture Capital Association, con datos de 2016, en el mercado estadounidense operaban 898 firmas de capital riesgo que dirigían 1.562 fondos activos y gestionaban activos superiores a 333.000 millones de dólares. Las inversiones presentan una distribución particular tanto por sectores como geográficamente.
La inmensa mayoría de los recursos financieros y proyectos de inversión se concentra en solo tres estados: California, con más de 181.000 millones de dólares en activos gestionados, Massachusetts y Nueva York. Los demás centros apenas tienen relevancia estadística para el panorama general. En casi una cuarta parte de los estados no operan fondos de capital riesgo o sus inversiones son marginales.
Por sectores, las inversiones en software, con un 33 %, y en tecnologías de la información y las comunicaciones eclipsan a todas las demás. La excepción tradicional es un grupo especializado de fondos que invierten en biotecnología y tecnología médica. Los negocios basados en productos físicos suscitan especial recelo, sobre todo cuando su desarrollo y lanzamiento al mercado requieren mucho tiempo.
En Europa y Asia, pese a sus particularidades locales, la situación es muy similar: existe una fuerte concentración geográfica y sectorial de las inversiones. Se observa que los inversores de capital riesgo prefieren invertir «cerca de casa». Esto puede explicarse por el desarrollo de las redes de inversores mediante un ciclo que se refuerza a sí mismo de crecimiento y reinversión: los empresarios que triunfan se convierten en inversores e inician una nueva fase de desarrollo (como ya explicamos anteriormente).

Tercero: su empresa queda fuera de las tendencias dominantes
Aunque en teoría los fondos de capital riesgo deberían buscar proyectos capaces de crear nuevos mercados —«patinar hacia donde irá el disco»—, el comportamiento gregario y las modas sobre determinados fenómenos y tecnologías tienen gran fuerza, como en otros ámbitos de los mercados de capitales. Un ejemplo es el renovado interés por la inteligencia artificial tras el prolongado «invierno de la IA»: http://dspace.mit.edu/handle/1721.1/80558. Los proyectos que no encajan en los temas de moda tienen muchas menos posibilidades de atraer atención y abrirse paso cuando las miradas están en otra parte. La imitación entre fondos es normal hasta cierto punto, pero, si aumenta el desequilibrio entre la oferta de proyectos y el capital disponible, revela una crisis del sector.
Del mismo modo, la cautela excesiva, la desorientación y el conformismo de los fondos indican tiempos difíciles. Como muestra la historia de los años ochenta, cuando los fondos se vuelcan masivamente en mercados tradicionales y negocios de baja tecnología —comercio minorista, cadenas de restauración y ropa— o en proyectos basados en adquisiciones agresivas en vez de innovaciones transformadoras, rara vez consiguen la rentabilidad más predecible que buscan (http://reactionwheel.net/2015/01/80s-vc.html).
Fondos de capital riesgo: una solución que no es para todos

El sector del capital riesgo cumple mejor su función cuando, en el momento adecuado, se integra en las grandes tendencias tecnológicas y sociales para acelerar el surgimiento de una nueva realidad empresarial y materializar todo el potencial de la innovación. Esta perspectiva también deja claro que muchos promotores no deberían considerar esta fuente de financiación, ni siquiera si se les ofrece. Aceptarla puede ser una mala idea para ambas partes por la falta de correspondencia entre expectativas y realidad.
Tras examinar varias cuestiones generales esenciales, en próximas publicaciones sobre esta materia profundizaremos en la creación de relaciones con fondos desde la perspectiva de empresas concretas.



